Según los últimos informes, la Embajada de Estados Unidos en China ha prohibido explícitamente a su personal diplomático, sus familiares y contratistas con autorizaciones de seguridad, tener “relaciones románticas y sexuales” con ciudadanos chinos de cualquier manera.
Esta política fue aparentemente implementada en enero por el embajador saliente de EE. UU., Nicholas Burns, y entró en vigor pocos días antes de que el actual presidente estadounidense, Donald Trump, asumiera el cargo. La nueva política parece ser una extensión de la versión reducida, probada el verano pasado, que prohibía al personal de la embajada de EE. UU. y cinco consulados en China mantener relaciones íntimas con guardias de seguridad chinos y otro personal de apoyo de la embajada.
No se sabe exactamente qué constituye “relaciones románticas y sexuales” en la nueva política, pero estas nuevas modificaciones han transformado efectivamente las directrices ya existentes en un esquema integral de “no confraternización”, que recuerda las prácticas del período de la Guerra Fría.
Según los informes, el nuevo cambio no fue anunciado públicamente, sino comunicado al personal de la embajada tanto verbalmente como por correo electrónico.
El personal estadounidense de la Embajada que haya establecido relaciones previas con ciudadanos chinos podría, aparentemente, calificar para exenciones que estarían sujetas a revisión individual. Si se les deniega la exención, se les exigirá que rescindan su relación. Quienes infrinjan esta política recibirán la orden de regresar a Estados Unidos de inmediato.
Durante muchos años, las agencias de inteligencia estadounidenses y británicas han advertido tanto al personal diplomático como a los ciudadanos particulares contra el establecimiento de relaciones con ciudadanos chinos. Según las agencias, Pekín opera una extensa red de espionaje con fines de "trampa de miel", que involucra principalmente a mujeres atractivas que buscan extranjeros, entablan relaciones a largo plazo y, finalmente, los obligan a cooperar con el gobierno chino.
China ha refutado sistemáticamente las acusaciones, afirmando que las agencias de inteligencia occidentales simplemente están proyectando sus propios “actos vergonzosos” sobre China.



Como exfuncionario del servicio exterior, comprendo el razonamiento que subyace a esta política, pero una prohibición total de las relaciones personales con ciudadanos chinos es extrema y profundamente problemática. Corre el riesgo de fomentar la paranoia, el aislamiento cultural y socavar la diplomacia que se supone debemos defender. Las preocupaciones en materia de seguridad son válidas, pero este enfoque se asemeja más a un reflejo de la Guerra Fría que a una estrategia moderna.