Tras haber vivido y trabajado en el sector de la hostelería y el turismo de Tailandia durante más de 35 años, he aprendido una verdad sencilla: el turismo rara vez avanza en línea recta.
Si se representara gráficamente la ocupación hotelera de Tailandia a lo largo de un año típico, el gráfico se asemejaría a una serie de olas que suben hasta alcanzar picos predecibles antes de estabilizarse en mínimos estacionales.
Hoy en día, Tailandia se encuentra en uno de esos momentos difíciles.
Sin embargo, lo que se percibe diferente este año es que la tradicional temporada verde se ha prolongado de forma inusual. La desaceleración se ha extendido más, se ha agudizado y ha puesto a prueba la paciencia de los operadores turísticos, que normalmente estarían preparándose para los primeros indicios de recuperación.
Sin embargo, antes de que los titulares se centren únicamente en el descenso de las cifras de llegadas, conviene recordar que las estadísticas solo cuentan una parte de la historia.
Una tormenta perfecta para el turismo

A diferencia de las desaceleraciones estacionales anteriores, la debilidad del mercado este año refleja una desafortunada confluencia de acontecimientos mundiales.
Las continuas interrupciones en las rutas aéreas que conectan Europa y Oriente Medio han complicado los viajes de larga distancia, aumentado los costes operativos de las aerolíneas y reducido la flexibilidad de los horarios. Al mismo tiempo, las excepcionales olas de calor en toda Europa han alterado los patrones tradicionales de las vacaciones de verano, mientras que la incertidumbre económica en varios mercados emisores clave ha animado a los viajeros a posponer o acortar sus vacaciones en el extranjero.
Las consecuencias se han sentido en toda Tailandia.
Durante los recientes cierres del espacio aéreo de Oriente Medio, más de 30 vuelos con destino a Phuket fueron cancelados o sufrieron interrupciones, dejando a más de 5,000 visitantes temporalmente varados. Koh Samui y Koh Phangan también experimentaron importantes interrupciones, mientras que las principales aerolíneas del Golfo, como Emirates, Qatar Airways, Etihad Airways y Air Arabia, se vieron obligadas a desviar o suspender sus servicios.
Los aeropuertos de Tailandia, las autoridades locales, los hoteles y los operadores turísticos respondieron con rapidez, ayudando a los visitantes varados mientras los horarios de los vuelos volvían gradualmente a la normalidad.
Incluso después de la reapertura del espacio aéreo, la incertidumbre siguió influyendo en las decisiones de reserva. Es lógico que los viajeros se vuelvan más cautelosos cuando los viajes aéreos internacionales se vuelven impredecibles, sobre todo en itinerarios complejos de larga distancia.
Ajustes silenciosos en todo el reino
La desaceleración del mercado se está haciendo evidente en toda Tailandia.
Las aerolíneas están reduciendo discretamente la capacidad en algunas rutas nacionales, sobre todo a destinos secundarios y terciarios. En algunos casos, los vuelos que salían más temprano se han combinado con vuelos posteriores, una respuesta comercial sensata que ayuda a mantener buenos índices de ocupación.
Estos ajustes son completamente normales.
Pero también reflejan la realidad de una temporada verde prolongada.
Estadísticas frente a lo que se escucha en la práctica.
A lo largo de las décadas, he descubierto que las conversaciones con gerentes generales de hoteles, dueños de restaurantes, ejecutivos de aerolíneas, operadores turísticos, taxistas y comerciantes a menudo revelan las tendencias turísticas mucho antes que las estadísticas oficiales.
En las últimas semanas, esas conversaciones han sido sorprendentemente constantes.
Como propietario de una vivienda en Pattaya, visito el complejo turístico con regularidad y he podido comprobar de primera mano la tranquilidad que se respira. Las playas siguen siendo preciosas, los restaurantes continúan ofreciendo la cálida hospitalidad tailandesa y la ciudad sigue siendo tan acogedora como siempre.
Sin embargo, el número de visitantes está claramente por debajo de las expectativas.
Tras una reciente estancia de diez días en Pattaya y Hua Hin, esto es lo que los operadores turísticos me dijeron repetidamente:
- La ocupación hotelera se mantiene por debajo de las expectativas normales para esta época de la temporada verde.
- Varias empresas estiman que el número de visitantes es aproximadamente un 20 por ciento inferior al de una temporada baja típica.
- Algunos locales de ocio nocturno registran menos de 15 clientes en ciertas noches.
- Los dueños de restaurantes informan de una disminución notable en la cantidad de clientes que entran sin reserva.
- Muchos operadores con larga trayectoria creen que esta es una de las temporadas verdes más tranquilas que han experimentado en años.
Individualmente, estas observaciones siguen siendo anecdóticas.
Sin embargo, en conjunto, ofrecen una imagen convincente.
Phuket refleja una tendencia similar.
La isla turística más grande de Tailandia cuenta una historia similar, aunque no idéntica.
Altos ejecutivos hoteleros informan que varios grandes complejos turísticos internacionales están operando con niveles de ocupación entre un 20 y un 30 por ciento inferiores a las expectativas normales para la temporada.
Curiosamente, los hoteles boutique más pequeños parecen estar funcionando mucho mejor, con una ocupación que generalmente oscila entre el 50 y el 60 por ciento.
Sus inventarios más reducidos y su mayor flexibilidad en los precios les permiten responder con mayor rapidez a las cambiantes condiciones del mercado.
El contraste es importante.
Tailandia no está experimentando un colapso en el sector turístico.
La demanda simplemente se ha debilitado de forma desigual en los distintos destinos, tipos de alojamiento y mercados turísticos.
Los establecimientos que dependen en gran medida de los viajeros internacionales de larga distancia están sintiendo mucha más presión que aquellos que atienden a huéspedes nacionales o a mercados regionales asiáticos.
En otras partes del Reino, la situación sigue siendo dispar.
Chiang Mai y Chiang Rai siguen beneficiándose del turismo nacional y de los países vecinos, el mercado de lujo de Koh Samui ha ayudado a amortiguar la recesión, mientras que Bangkok se mantiene relativamente resistente, a pesar de que muchos hoteles informan de periodos de reserva cada vez más cortos.
Mirando más allá de los números
Una lección que Tailandia me ha enseñado es que no hay dos crisis turísticas idénticas.
Cada desaceleración tiene sus propias causas.
Cada recuperación sigue su propio camino.
Y la historia ofrece muchas garantías.
En las últimas cuatro décadas, Tailandia ha superado con éxito crisis financieras, desastres naturales, incertidumbre política, tsunamis, pandemias e innumerables conmociones mundiales.
Cada retroceso se percibía como significativo en su momento.




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