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WTTC El presidente Manfredi Lefebvre da la voz de alarma: el futuro de América Latina, valorado en un billón de dólares, depende de la solución de las deficiencias en la infraestructura.

Manfredi en la FII

En el Iniciativa de Inversión Futura en Miami, Consejo Mundial de Viajes y Turismo Presidente Manfredi Lefebvre Hizo hincapié en que la inversión en infraestructura es un “multiplicador del crecimiento”, destacando la creciente demanda del turismo y advirtiendo que el futuro de América Latina no depende del capital, sino de una ejecución eficaz.

En la prestigiosa cumbre FII Miami, inversores y responsables políticos globales se enfrentan a una paradoja: una región rica en oportunidades, pero limitada por los mismos sistemas destinados a desbloquearlas.


En un salón de baile con vistas al Atlántico en Miami Beach, la conversación no giraba en torno al potencial de Latinoamérica. Para este público, esa cuestión ya estaba resuelta hacía tiempo.

En cambio, el debate en la Cumbre PRIORITY de la Iniciativa de Inversión Futura giró en torno a algo mucho más difícil y mucho más trascendental:

¿Por qué, a pesar de décadas de promesas y miles de millones de dólares en capital, América Latina ha tenido dificultades para construir la infraestructura necesaria para convertir el potencial en crecimiento sostenido?

La sesión, titulada “Condiciones propicias para la inversión a largo plazo en Latinoamérica: ¿Puede la infraestructura cumplir con las expectativas?”Reunió a inversores, responsables políticos y líderes de la industria en un momento en que el capital global se está desplazando, las cadenas de suministro se están rediseñando y los mercados emergentes compiten una vez más por captar la atención a largo plazo.

Latinoamérica, según la mayoría de los indicadores, debería estar bien posicionada. Con una producción económica combinada de aproximadamente 5 billones de dólares, vastas reservas de minerales críticos, ciudades en expansión y una población joven, la región se encuentra en la confluencia de algunas de las tendencias más importantes que dan forma a la economía global, desde la transición energética hasta la seguridad alimentaria.

Y sin embargo, como dejaron claro orador tras orador, El principal obstáculo no es ni la demanda ni el capital. Es la ejecución.


Una región definida por la contradicción

Las contradicciones son evidentes.

Casi un tercio de los latinoamericanos aún carece de acceso a infraestructura básica —carreteras, electricidad confiable, sistemas de agua potable— condiciones que se considerarían fundamentales en las economías desarrolladas. Al mismo tiempo, los inversionistas globales buscan activamente activos a largo plazo en la economía real, capaces de generar rendimientos estables en un mundo incierto.

La discrepancia es sorprendente: una región necesitada de infraestructuras y un mercado global deseoso de financiarlas.

Pero entre esas dos realidades existe una brecha, definida por la complejidad regulatoria, la volatilidad política y la persistente escasez de lo que los inversores denominan «proyectos financiables». «El problema no es el capital», afirmó un participante durante el debate. «El problema es cómo invertirlo».

Esa distinción se ha convertido en un tema central no solo de la cumbre de Miami, sino también del panorama global de la inversión. En una era de tipos de interés más altos y mayor riesgo geopolítico, el capital no ha desaparecido, pero se ha vuelto más selectivo, más disciplinado y menos indulgente.


La infraestructura como destino

Durante gran parte de las últimas dos décadas, el crecimiento de América Latina ha estado ligado a las materias primas: soja, cobre, petróleo, litio. Pero la conversación en Miami sugirió que se está produciendo un cambio.

La infraestructura, que antes se consideraba una preocupación secundaria, ahora se está replanteando como la determinante central del destino económico.

Entre las voces más enérgicas que defendieron esta postura se encontraba Manfredi Lefebvre, presidente del Consejo Mundial de Viajes y Turismo, quien abordó el tema desde la perspectiva de la movilidad global y el turismo. «La infraestructura no es un costo», dijo a la audiencia. «Es un multiplicador».
Lefebvre es también presidente ejecutivo del grupo Heritage, con sede en Mónaco, y del Grupo A&K.

Las cifras que citó tenían como objetivo replantear el debate en términos puramente económicos: Según explicó, cada dólar invertido en infraestructura puede generar hasta cuatro dólares de retorno.

Ese efecto multiplicador, citado desde hace tiempo en la economía del desarrollo, adquiere una nueva urgencia en una región donde el crecimiento a menudo ha sido desigual y vulnerable a las perturbaciones externas.

Pero el argumento de Lefebvre iba más allá de los rendimientos abstractos. Señalaba una consecuencia más inmediata y visible de la falta de inversión: conectividad, o la falta de ella.


La geografía de la desconexión

A pesar de su tamaño y población, Latinoamérica representa solo una pequeña fracción del tráfico aéreo mundial: aproximadamente el 5.4 %, según cifras citadas durante la sesión. Las implicaciones son tanto económicas como simbólicas.

La conectividad aérea no se limita al turismo; es un indicador de la integración en la economía global. Influye en los flujos comerciales, los viajes de negocios, las decisiones de inversión y la circulación de ideas.

Para los viajeros europeos que se dirigen a Latinoamérica, Lefebvre señaló que muchas rutas aún pasan por Miami, lo que refleja la fragmentación de las redes aéreas de la región. "La mayoría de los vuelos para europeos con destino a Latinoamérica pasan por Miami", afirmó, destacando tanto la importancia de la ciudad como puerta de entrada como las limitaciones de la infraestructura intrarregional.

La consecuencia es una especie de desconexión estructural insuficiente: una región rica en destinos, recursos y mercados, pero insuficientemente conectada tanto interna como externamente.


El turismo como caso de estudio

Si la infraestructura es la base de la actividad económica, el turismo ofrece un claro ejemplo tanto de su potencial como de sus limitaciones.

Los viajes y el turismo ya representan alrededor del 10 por ciento del PIB de América Latina, y las proyecciones sugieren que podrían llegar más de 50 millones de visitantes anualmente para 2035. Estas cifras, por sí solas, apuntan a un sector preparado para la expansión.

Pero un crecimiento de esa magnitud depende de sistemas que van mucho más allá de los hoteles y las atracciones turísticas: aeropuertos capaces de gestionar un mayor tráfico, carreteras que conecten los centros urbanos con destinos remotos y sistemas energéticos que puedan satisfacer una demanda creciente.

Sin esos sistemas, existe el riesgo de que la demanda supere la capacidad, un escenario que puede frenar el crecimiento con la misma eficacia que la falta de demanda.


La pregunta de los 150 millones de dólares

Las estimaciones presentadas durante la cumbre sugieren que América Latina necesitaría invertir aproximadamente 150 millones de dólares anuales en infraestructura para subsanar las deficiencias existentes y satisfacer la demanda futura.

Los niveles actuales distan mucho de alcanzar ese objetivo, situándose en torno al 2.4 % del PIB. Este déficit representa algo más que una simple falta de financiación; es una muestra de oportunidades perdidas: proyectos retrasados, crecimiento no materializado y competitividad mermada.

Sin embargo, paradójicamente, la magnitud de esta brecha también representa una oportunidad para los inversores. En un mundo donde los activos tradicionales seguros ofrecen rendimientos limitados, la infraestructura en los mercados emergentes se ha vuelto cada vez más atractiva, siempre y cuando se puedan gestionar los riesgos.


Asociaciones público-privadas: promesas y limitaciones

Un mecanismo que se cita con frecuencia como solución es la colaboración público-privada, o APP, un modelo diseñado para combinar la supervisión gubernamental con la eficiencia y el capital del sector privado.

En América Latina, las asociaciones público-privadas (APP) han cosechado éxitos notables. Colombia, por ejemplo, ha desarrollado proyectos de transporte por valor de decenas de miles de millones de dólares mediante este tipo de alianzas. Brasil y Chile también han atraído inversores internacionales a través de programas estructurados de infraestructura.

Estos ejemplos demuestran que, en las condiciones adecuadas, los proyectos a gran escala pueden financiarse y ejecutarse.

Pero también destacan un punto clave: El éxito es desigual.

Por cada proyecto de colaboración público-privada que funciona, existen proyectos estancados por disputas legales, cambios regulatorios o dificultades de financiación. Si bien el modelo ha demostrado su eficacia, no es la solución definitiva.

Requiere entornos políticos estables, procesos transparentes e instituciones creíbles, condiciones que varían mucho en toda la región.


Riesgo, resiliencia y perspectiva a largo plazo

Otra dimensión del debate se centró en la resiliencia, tanto económica como ambiental.

La infraestructura que se construya hoy determinará el rumbo de la región durante décadas, especialmente a medida que se intensifiquen los riesgos climáticos. Las inversiones en sistemas resilientes —ya sean defensas contra inundaciones, redes energéticas o redes de transporte— pueden reducir los costos a largo plazo y proteger la estabilidad económica.

Lefebvre citó estimaciones que sugieren que Una infraestructura bien planificada podría ahorrar hasta 9 billones de dólares en las próximas dos décadas. mitigando los riesgos económicos y relacionados con el clima.

Estas cifras son necesariamente generales, pero reflejan un consenso cada vez mayor: La resiliencia no es una característica opcional de la infraestructura; es un requisito fundamental.


La política como factor decisivo

Si los desafíos de la inversión en infraestructura se pudieran resumir en una sola palabra, esa sería "confianza".

Los inversores están dispuestos a comprometer capital a largo plazo, pero solo cuando confían en las normas que rigen esa inversión.

Esa confianza depende de factores que a menudo escapan al control de los proyectos individuales:

  • Estabilidad regulatoria
  • Claridad jurídica
  • Impuestos predecibles
  • Procesos de contratación transparentes

Las políticas inconsistentes o cambiantes pueden erosionar rápidamente esa confianza, aumentando el riesgo percibido y elevando el costo del capital.

Por el contrario, los países que establecen marcos claros y estables pueden atraer inversiones sostenidas, incluso en sectores complejos o que requieren una gran inversión de capital.


Un contexto global: el capital en movimiento.

La conversación en Miami no se produjo de forma aislada. Estuvo marcada por cambios más amplios en la economía global. El capital se está moviendo, no retrocediendo, sino reasignando.

Las tensiones geopolíticas, las interrupciones en las cadenas de suministro y la transición a las energías renovables están llevando a los inversores a reconsiderar dónde y cómo invierten sus fondos.

En este contexto, Latinoamérica se percibe cada vez más como un destino estratégico, que ofrece diversificación, seguridad en materia de recursos y potencial de crecimiento.

Pero la competencia se está intensificando. Otras regiones, desde el sudeste asiático hasta partes de África, también compiten por los mismos fondos de capital.

Para tener éxito, Latinoamérica debe hacer más que presentar oportunidades; debe entrégalos.


Del potencial al rendimiento

Durante décadas, los debates sobre el futuro económico de América Latina se han centrado en el potencial. El lenguaje de la cumbre de Miami sugirió un cambio hacia algo más concreto: el desempeño.

Al fin y al cabo, el potencial no es un recurso escaso. Muchas regiones lo poseen. Lo que distingue a las que triunfan es la capacidad de transformar ese potencial en resultados tangibles: proyectos finalizados, sistemas que funcionan correctamente y crecimiento sostenido.

Esa traducción depende de la ejecución.

Y la ejecución, a su vez, depende de una combinación de factores que van más allá de cualquier inversión individual:

  • Capacidad institucional
  • Voluntad política
  • Conocimientos técnicos
  • Colaboración transfronteriza

La dimensión humana

Detrás de las estadísticas y los modelos de inversión subyace una realidad más inmediata. La infraestructura no es un concepto abstracto; es la red de sistemas que dan forma a la vida cotidiana: cómo las personas se desplazan, trabajan, acceden a servicios y se conectan con oportunidades.

Para el 30 por ciento de los latinoamericanos que carecen de infraestructura básica, lo que está en juego no se mide en puntos del PIB ni en índices de rentabilidad, sino en acceso: a empleos, educación y atención médica.

Cerrar esa brecha es tanto un imperativo social como económico.


Una ventana estrecha

La sensación que surgió de la sesión de Miami no fue de pesimismo, sino de urgencia.

Los participantes sugirieron que Latinoamérica podría estar entrando en una ventana de oportunidad, definida por condiciones globales favorables, el interés de los inversores y una dinámica económica cambiante.

Pero las oportunidades, por su propia naturaleza, no permanecen abiertas indefinidamente. Si la región logra abordar sus desafíos estructurales —si consigue establecer los marcos regulatorios, desarrollar proyectos viables y ejecutarlos a gran escala—, podrá atraer la inversión sostenida necesaria para transformar su infraestructura.

De lo contrario, el capital se trasladará a otro lugar.


La pregunta que queda

Al concluir la sesión, la cuestión central seguía sin resolverse, pero ahora estaba más claramente definida:

  • No se trata de si Latinoamérica debería invertir en infraestructura.
  • No se trata de si hay capital disponible.
  • Pero la cuestión es si la región podrá crear las condiciones necesarias para convertir la inversión en realidad.

En las palabras que resonaron a lo largo de la discusión, y reforzadas por la intervención de Manfredi Lefebvre:

El problema no es la demanda, sino la ejecución. Y de ello podría depender, en última instancia, el futuro de la trayectoria económica de América Latina.

Acerca del autor.

Juergen T. Steinmetz

Juergen Thomas Steinmetz ha trabajado continuamente en la industria de viajes y turismo desde que era un adolescente en Alemania (1977).
El Encontro eTurboNews en 1999 como el primer boletín en línea para la industria del turismo de viajes global.

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