Juan Carlos Salazar, Secretario General de la OACI, expresó hoy su opinión sobre la aviación y el cambio climático.
Durante décadas, la aviación civil ha sido un motor de globalización, prosperidad y conexión humana. Sin embargo, hoy se enfrenta a una prueba decisiva: si podrá descarbonizarse con la suficiente rapidez para seguir siendo viable y valiosa en una economía global marcada por las restricciones climáticas.
A medida que las aerolíneas, los fabricantes, los inversores y los reguladores se reúnan para debatir sobre el clima en la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) a finales de este mes, la cuestión central ya no será si la aviación puede Descarbonizar. Tecnológica y operativamente, es posible. La verdadera cuestión es si la comunidad global está preparada para tomar las difíciles decisiones necesarias, y para hacerlo al ritmo que exige la realidad climática actual.
Para la OACI, la respuesta solo puede ser sí.
El sector de la aviación ya ha demostrado que el progreso es posible. Las mejoras graduales en la eficiencia, el despliegue temprano de combustibles de aviación sostenibles (SAF) y las optimizaciones operativas han reducido el aumento de las emisiones, al tiempo que han impulsado la conectividad y el desarrollo económico. Sin embargo, estos esfuerzos, si bien son importantes, ya no son suficientes por sí solos. La transformación que se requiere ahora es sistémica, global y urgente.
Si la descarbonización avanza de forma desigual o fragmentada, el sector corre el riesgo de no solo incumplir los objetivos climáticos, sino también de perder la confianza pública y el apoyo político en un momento en que ambos son esenciales para el futuro a largo plazo de la aviación.
El objetivo global a largo plazo de la OACI de lograr cero emisiones netas de carbono para 2050 proporciona una dirección común tanto para los gobiernos como para la industria. Sin embargo, la ambición sin implementación no dará resultados. La próxima década debe definirse no por nuevas declaraciones, sino por una ejecución acelerada.
Lograr una aviación con cero emisiones netas requerirá una inversión sostenida a una escala sin precedentes. Es alentador que en los últimos años se haya producido un auge en la financiación, la innovación y la investigación, desde tecnologías de propulsión y diseños de aeronaves más eficientes hasta la digitalización operativa y grandes inversiones en energías más limpias.
Entre estas soluciones, se espera que los combustibles de aviación sostenibles desempeñen un papel decisivo. Las proyecciones actuales indican que estos combustibles podrían lograr más de la mitad de las reducciones de emisiones necesarias en la aviación para mediados de siglo. Sin embargo, esta transición no se producirá automáticamente. Es fundamental movilizar inversiones masivas en capacidad de producción, infraestructura y cadenas de suministro, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo.
Precisamente por eso, la OACI está intensificando sus esfuerzos para vincular la ambición climática con la implementación práctica.
Mediante iniciativas como el Finvest Hub, la OACI está ayudando a vincular los proyectos de descarbonización de la aviación con el capital institucional y privado, especialmente en regiones donde el acceso a la financiación climática sigue siendo limitado. Al mismo tiempo, los programas de la OACI de Asistencia, Creación de Capacidades y Capacitación para Combustibles de Aviación Sostenibles (ACT-SAF) y de Asistencia, Creación de Capacidades y Capacitación para Objetivos Aspiracionales a Largo Plazo (ACT-LTAG) están ayudando a los Estados a fortalecer los marcos normativos, la pericia técnica y la capacidad institucional necesarios para participar plenamente en la transición energética.
La coordinación global también será indispensable. Los inversores y los líderes de la industria necesitan señales regulatorias claras y armonizadas para comprometerse con una transformación a gran escala a largo plazo.
Por consiguiente, la OACI ha continuado desarrollando y adoptando estándares globales para una energía aeronáutica más limpia y normas ambientales más rigurosas para las aeronaves. Estos marcos proporcionan la previsibilidad y la confianza necesarias para acelerar la innovación, al tiempo que se salvaguarda la integridad ambiental. Unos criterios de sostenibilidad sólidos y sistemas de certificación para los combustibles de aviación sostenibles son igualmente esenciales para garantizar que el rápido crecimiento no menoscabe la confianza pública ni la credibilidad ambiental.
Hoy, más de 150 Estados miembros de la OACI —que representan más del 99 % del tráfico aéreo mundial— ya han presentado planes de acción en el marco de la protección ambiental de la OACI. Esto demuestra una alineación global sin precedentes en torno a la acción climática en la aviación.

Pero la alineación por sí sola no es suficiente.
Este junio, los delegados se reunirán en la Semana Climática de la Aviación de la OACI, la primera de este tipo desde que los Estados reafirmaran unánimemente los objetivos climáticos de la OACI el pasado octubre. Gobiernos, líderes de la industria, expertos técnicos e instituciones financieras se darán cita no solo para debatir las ambiciones, sino también para fortalecer su implementación.
Los participantes tendrán la oportunidad de involucrarse directamente con iniciativas de financiación, desarrollar alianzas, mejorar las capacidades de monitoreo y reporte de emisiones, y participar en talleres técnicos diseñados para acelerar la acción práctica. Los resultados de la Semana del Clima podrían ayudar a determinar el ritmo y la credibilidad de los esfuerzos de descarbonización de la aviación en los próximos años.
La historia de la aviación siempre se ha caracterizado por momentos de desafíos compartidos e innovación audaz. Este es uno de ellos.
Si los gobiernos y la industria optan por cooperar con urgencia a través de la OACI, lograr un sector de la aviación con cero emisiones netas en esta generación sigue siendo posible. De lo contrario, la aviación corre el riesgo de verse limitada no por falta de ingenio, sino por una realidad climática de la que ningún sector puede escapar.



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