Los investigadores encontraron tan solo 89 proyectos centrados en el clima entre 842 iniciativas de desarrollo turístico por un valor de 13.13 millones de dólares.
Según publicado por Susanne Becken, Investigación, una ciencia relevante para el análisis y las políticas Christchurch, Canterbury, Nueva Zelanda: El cambio climático amenaza cada vez más a los destinos turísticos de todo el mundo. Un nuevo estudio sugiere que la financiación internacional para el desarrollo aún está lejos de aprovechar el turismo como herramienta para la resiliencia climática y la transformación sostenible.
Publicado en la revista Clima y desarrolloEl estudio analizó 842 proyectos de ayuda relacionados con el turismo registrados en la base de datos global de desarrollo d-portal entre 1972 y 2031. En conjunto, estos proyectos representan más de 13.13 millones de dólares en asistencia para el desarrollo. Sin embargo, los investigadores descubrieron que solo 89 proyectos abordaban explícitamente el cambio climático.
Los resultados plantean interrogantes importantes sobre si el turismo, un sector profundamente vulnerable a los impactos climáticos y ampliamente promovido como motor del desarrollo económico, se está utilizando plenamente para apoyar un futuro resiliente al clima.
“La urgencia de tomar medidas climáticas efectivas exige un cambio transformador que integre la adaptación, la mitigación y el desarrollo inclusivo”, señalan los investigadores. Si bien la ayuda al desarrollo desempeña un papel fundamental para posibilitar dicho cambio, la contribución del turismo aún no se ha explorado en profundidad.
La adaptación domina las inversiones climáticas.
Entre los 89 proyectos relacionados con el clima identificados, la adaptación surgió como el enfoque principal.
La mayoría de las iniciativas se centraron en ayudar a los destinos y las comunidades a desarrollar resiliencia frente a desastres relacionados con el clima, como fenómenos meteorológicos extremos, inundaciones y otros impactos ambientales. Las medidas de reducción del riesgo de desastres y de adaptación representaron la mayor parte de la ayuda al turismo centrada en el clima.
La conservación de la naturaleza también ocupó un lugar destacado, sobre todo en proyectos de mayor envergadura donde el turismo era un componente dentro de programas ambientales y de desarrollo más amplios.
Por el contrario, la mitigación del cambio climático recibió mucha menos atención. Cuando se incluyó la mitigación, se vinculó principalmente con la conservación de los bosques y los proyectos de absorción de carbono, en lugar de con los esfuerzos para descarbonizar las operaciones turísticas, los sistemas de transporte o la infraestructura de los destinos.
Los investigadores hallaron escasa evidencia de inversiones diseñadas específicamente para reducir la huella de carbono del turismo.
El potencial transformador del turismo sigue sin explotarse.
Una cuestión central del estudio era si la ayuda al turismo está contribuyendo a impulsar lo que los expertos denominan Desarrollo Resiliente al Clima (DRC), un enfoque integrado que combina la adaptación al cambio climático, la reducción de emisiones y el desarrollo social y económico inclusivo.
Para responder a esta pregunta, los investigadores desarrollaron un índice de transformación que mide tres factores clave:
- Complejidad intersectorial
- La inclusión
- Diseño transformacional deliberado
Los resultados fueron desalentadores.
Se constató que la mayoría de los proyectos eran incrementales en lugar de transformadores. Si bien muchos lograron resultados de desarrollo valiosos, pocos cuestionaron los modelos de desarrollo existentes o replantearon fundamentalmente el papel del turismo en la lucha contra el cambio climático.
El estudio concluye que los enfoques verdaderamente transformadores siguen siendo la excepción y no la norma.
Sorprendente diferencia entre proyectos pequeños y grandes.
Uno de los hallazgos más notables del estudio fue la existencia de una división estructural entre los diferentes tipos de ayuda al desarrollo.
Los investigadores descubrieron que los proyectos bilaterales más pequeños —intervenciones directas entre países— a menudo demostraban un mayor potencial transformador que los programas multilaterales de mayor envergadura.
Según el análisis, era más probable que surgieran enfoques transformadores en iniciativas más pequeñas y específicas, donde las prioridades locales y la innovación pudieran integrarse en el diseño del proyecto.
Por el contrario, los programas de mayor envergadura a menudo reforzaban las estructuras institucionales y las prácticas de desarrollo existentes en lugar de cuestionarlas.
Este hallazgo podría impulsar a las agencias de desarrollo y a las instituciones financieras internacionales a reconsiderar cómo se diseñan y ejecutan las inversiones climáticas relacionadas con el turismo.
La pieza que faltaba: el comportamiento y los valores humanos.
Quizás la conclusión más significativa se refiere a lo que los investigadores describen como la “esfera personal de la transformación”.
Si bien muchos proyectos abordaron la infraestructura, los ecosistemas, los sistemas de gobernanza y el desarrollo económico, pocos se ocuparon de los cambios sociales y de comportamiento necesarios para lograr una transformación duradera.
El estudio sostiene que el cambio de actitudes, valores, procesos de toma de decisiones y patrones de consumo sigue siendo un componente en gran medida ignorado del desarrollo de un turismo resiliente al clima.
Los investigadores advierten que, si no se aborda esta dimensión humana, incluso los proyectos bien financiados pueden tener dificultades para lograr resultados transformadores a largo plazo.
Una llamada de atención para el desarrollo turístico
Esta investigación llega en un momento crítico para el sector turístico mundial.
Desde pequeños estados insulares en desarrollo y destinos costeros hasta comunidades de montaña y zonas de gran biodiversidad, muchas economías dependientes del turismo se enfrentan a crecientes riesgos climáticos. Al mismo tiempo, los gobiernos y las organizaciones internacionales siguen promoviendo el turismo como un poderoso motor de crecimiento económico, reducción de la pobreza y financiación para la conservación.
El estudio sugiere que estos objetivos no tienen por qué ser contrapuestos.
En cambio, los programas de desarrollo turístico pueden convertirse potencialmente en vehículos para un desarrollo resiliente al clima, bajo en carbono y socialmente justo, pero solo si las consideraciones climáticas se integran intencionalmente en el diseño del proyecto desde el principio.
Mirando hacia el futuro
Este análisis ofrece una de las primeras evaluaciones globales exhaustivas sobre cómo la ayuda al turismo se relaciona con la acción climática.
Su mensaje es claro: el turismo posee un importante potencial sin explotar como catalizador para un desarrollo resiliente al clima, pero los patrones de financiación actuales siguen estando muy orientados hacia medidas de adaptación graduales en lugar de un cambio transformador.
Con tan solo 89 proyectos relacionados con el clima identificados entre 842 iniciativas de ayuda al turismo en todo el mundo, los investigadores sostienen que serán necesarias decisiones políticas deliberadas, mecanismos de financiación innovadores y una mayor integración de los objetivos climáticos para que el turismo desempeñe un papel significativo en el logro de los objetivos mundiales de desarrollo y clima.
Mientras los gobiernos, los bancos de desarrollo y los organismos internacionales buscan vías prácticas hacia el desarrollo sostenible, el estudio sirve tanto de referencia como de desafío: ir más allá de las prácticas habituales y aprovechar el turismo como una fuerza para la acción climática transformadora.



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