Bangkok - Según un informe de Impacto en los viajes Newswire, el mundo del turismo apenas Tras recuperarse de la devastación causada por la COVID-19, el sector mundial de viajes y turismo se enfrenta de nuevo a una recesión, esta vez en medio de un aumento de la inestabilidad geopolítica. Millones de empleos están en riesgo. Sin embargo, mientras el turismo lucha por recuperarse, otra industria global prospera: la industria bélica.
Nuevos datos publicados el 26 de abril por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) revelan que el gasto militar mundial alcanzó la cifra récord de 2.887 billones de dólares en 2025, lo que supone un aumento real del 2.9 % con respecto a 2024. Los tres países que más gastaron en defensa —Estados Unidos, China y Rusia— representaron en conjunto 1.48 billones de dólares, es decir, el 51 % del total mundial.
Las perspectivas para el gasto militar siguen siendo sólidas. El investigador del SIPRI, Xiao Liang, atribuyó el aumento a "otro año de guerras, incertidumbre y agitación geopolítica con campañas de armamento a gran escala", y agregó que es probable que el crecimiento continúe hasta 2026 y más allá.

En el sector de viajes y turismo, sin embargo, la tendencia apunta en la dirección opuesta.
La frágil narrativa de la “recuperación”
Los defensores del sector suelen argumentar que el turismo es resiliente y que se recupera rápidamente una vez que las crisis remiten. Sin embargo, la historia reciente sugiere lo contrario. La recuperación pospandémica, ampliamente celebrada como un «repunte», resultó efímera en muchas regiones.
Ahora, con conflictos latentes en diversas regiones, el optimismo vuelve a ponerse a prueba. La suposición de que la paz regresará rápidamente —y con ella, un auge del turismo— puede resultar cada vez más irreal en un mundo donde la inestabilidad se afianza.
Un ciclo que se sostiene a sí mismo
Un análisis más detenido de los datos del SIPRI plantea interrogantes más profundos sobre las fuerzas estructurales que dan forma a las prioridades globales.
La expansión militar no es una respuesta temporal, sino parte de un ciclo que se retroalimenta. Los conflictos armados impulsan la demanda de sistemas de armamento, que luego se perfeccionan, modernizan y comercializan. La necesidad de justificar estas inversiones crea incentivos para la tensión continua, lo que garantiza la persistencia del ciclo de conflicto y gasto.
Esto tiene profundas implicaciones para sectores como el turismo, que dependen de la estabilidad, la apertura y la confianza.
Prioridades contrapuestas: guerra frente a desarrollo.
El desequilibrio en las prioridades de gasto a nivel mundial es evidente.
Si bien los gobiernos citan la escasez de fondos como una razón clave para no alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para 2030, no parece haber escasez de recursos para los presupuestos de defensa.
Esto plantea preguntas incómodas:
¿Por qué escasean los fondos para la reducción de la pobreza, la acción climática y la salud pública, pero abundan para la expansión militar? ¿Y qué papel puede desempeñar el sector turístico, a menudo descrito como una «industria de la paz», en la redefinición de este debate?
Los costes ocultos de la militarización
Más allá de las cifras principales, el verdadero coste de la expansión militar es mucho más amplio y menos visible.
- Impacto medioambiental: La extracción de minerales críticos, la fabricación de sistemas de armamento y el funcionamiento de equipos militares conllevan importantes consecuencias ecológicas, pero estas siguen estando en gran medida sin cuantificar.
- Compensaciones económicas: El aumento de los presupuestos de defensa desvía recursos de la educación, la sanidad y las infraestructuras.
- Costo humano: Las guerras dejan cicatrices imborrables: familias en duelo, poblaciones desplazadas y cargas de cuidados a largo plazo que se extienden por toda la sociedad.
- Riesgos de gobernanza: Los acuerdos de venta de armas suelen estar rodeados de secretismo, lo que suscita preocupación por la corrupción y la falta de rendición de cuentas.
Lo que resulta aún más preocupante para el turismo es que las tecnologías bélicas en constante evolución —en particular los drones— están generando nuevos riesgos. Los ataques a aeropuertos y hoteles en zonas de conflicto demuestran la facilidad con la que la infraestructura civil puede convertirse en objetivo, lo que socava la confianza de los viajeros en todo el mundo.
Tendencias regionales: Un rearme mundial
Estados Unidos
Estados Unidos siguió siendo el país con mayor gasto militar del mundo, con 954 mil millones de dólares en 2025 —el 33% del total mundial—, a pesar de una disminución del 7.5% vinculada a la reducción de la ayuda a Ucrania. Sin embargo, este descenso podría ser temporal. El SIPRI advierte que el gasto aprobado para 2026 ya supera el billón de dólares, y se prevé que alcance los 1.5 billones de dólares en 2027.
Europa
Europa registró el mayor aumento del gasto, que subió un 14% hasta alcanzar los 864 millones de dólares, el crecimiento más rápido desde la Guerra Fría. Solo Alemania incrementó su presupuesto de defensa un 24%, hasta los 114 millones de dólares, superando el 2% del PIB por primera vez desde 1990.
La guerra en curso en Ucrania sigue impulsando el gasto. Rusia asignó 190 mil millones de dólares (7.5% del PIB), mientras que el gasto militar de Ucrania se disparó hasta un extraordinario 40% del PIB.
Medio Oriente
El gasto militar en Oriente Medio se mantuvo relativamente estable en 218 millones de dólares. El gasto de Israel disminuyó ligeramente tras el alto el fuego en Gaza, pero se mantuvo prácticamente al doble de su nivel de 2022. Turquía incrementó su gasto en el marco de las operaciones en curso en varias regiones, mientras que el gasto real de Irán disminuyó debido a la inflación, aunque los analistas creen que las cifras oficiales subestiman el gasto real.
Asia y Oceanía
El gasto en Asia y Oceanía aumentó un 8.1%, hasta alcanzar los 681.000 millones de dólares, liderado por China, que incrementó su presupuesto hasta los 336.000 millones de dólares, su trigésimo primer aumento anual consecutivo.
Implicaciones para los viajes y el turismo
Para el sector turístico, las implicaciones son profundamente preocupantes:
- El aumento de las tensiones geopolíticas disuade los viajes y la inversión.
- La retórica nacionalista y la xenofobia socavan la movilidad transfronteriza.
- Los riesgos de seguridad aumentan los costos y la complejidad operativa.
- Las prioridades presupuestarias se desplazan del desarrollo turístico hacia la defensa.
Irónicamente, algunos segmentos del sector, como los viajes de negocios vinculados a contratos de defensa, podrían beneficiarse del aumento del gasto militar. Sin embargo, estas ventajas son mínimas en comparación con la inestabilidad generalizada que socava los flujos turísticos mundiales.
Una cuestión de equilibrio
Cabe destacar que las cifras del SIPRI no incluyen el gasto en sistemas de seguridad no militares —como tecnologías de vigilancia, herramientas de ciberseguridad y equipos policiales— ni las transacciones que involucran a actores no estatales. Por lo tanto, la verdadera magnitud del gasto mundial relacionado con la seguridad es significativamente mayor.
Esto plantea una cuestión fundamental tanto para los responsables políticos como para los líderes de la industria:
¿Puede la economía global sostener semejante desequilibrio entre la inversión en conflictos y la inversión en la paz?
Para el sector de viajes y turismo, la respuesta puede determinar no solo el ritmo de la recuperación, sino también la viabilidad futura del propio sector.



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