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De la salsa al silencio: cómo Estados Unidos está vaciando las playas y los medios de subsistencia de Cuba

Los estadounidenses no vienen: Cuba no cumple con los objetivos turísticos en 2019

El turismo cubano alguna vez significó música, alegría y una vida vibrante. Hoy, playas desiertas, apagones y vuelos cancelados cuentan una historia muy diferente. A medida que las sanciones estadounidenses se endurecen bajo la política de "Estados Unidos Primero" del presidente Donald Trump, la economía turística de la isla se está derrumbando, y son los cubanos de a pie, no los políticos, quienes sufren las consecuencias más graves.

La Habana - Washington D.C. El turismo cubano se asocia con la música, la diversión y la gente feliz de Canadá, Latinoamérica y Europa. Esto ya no es así, y la razón es el presidente estadounidense Donald Trump y su política de "Estados Unidos primero".

Durante décadas, los visitantes vinieron a Cuba en busca de algo tan intangible como tangible: el ritmo de las calles, la calidez de su gente, la sensación de que, incluso en las dificultades, la vida se vivía con intensidad y en comunidad. El turismo aquí nunca fue solo una industria; era una atmósfera.

Hoy en día, esa atmósfera se está desvaneciendo.

En lugares como Playa Larga, otrora centro de ecoturismo y buceo, las playas están casi desiertas. Barcos flotan a la deriva donde antes se reunían los grupos turísticos. Los hoteles han reducido sus servicios o han cerrado definitivamente. La electricidad parpadea o desaparece durante la mayor parte del día. El combustible escasea. El transporte es poco fiable. Lo que antes rebosaba de vida ahora se siente estancado.

La música cubana es vibrante.La fusión rítmica de influencias africanas y españolas es el alma misma de la cultura de la isla. Desde el enérgico pulso de la salsa (conocida localmente como “casino”) hasta las tradiciones de la rumba y el son, pasando por la modernidad de la timba, florece en vibrantes locales. Música y danza son inseparables, creando una experiencia inmersiva en La Habana y mucho más allá.

El sector turístico cubano no solo está pasando por dificultades, sino que se está derrumbando.

Las llegadas internacionales cayeron drásticamente a principios de 2026, con cifras que en febrero se redujeron a menos de la mitad en comparación con el año anterior. Las aerolíneas han suspendido rutas. Los viajeros dudan, no porque Cuba haya perdido su encanto, sino porque los servicios básicos —electricidad, movilidad, previsibilidad— ya no están garantizados.

Y en el centro de esta espiral descendente está la política, no el clima, ni las pandemias, ni una repentina pérdida de interés. La política.

La política de «Estados Unidos primero» hacia Cuba ha intensificado la presión económica, especialmente mediante el endurecimiento de las restricciones que afectan al suministro de combustible y a los flujos financieros. Al amenazar con sanciones a los países que abastecen de petróleo a la isla, Washington ha contribuido a asfixiar el sector energético. Las consecuencias se extienden con brutal eficacia.

  • Sin combustible, hay menos vuelos.
  • Menos vuelos significan menos turistas.
  • Menos turistas significan hoteles vacíos, trabajadores ociosos y una disminución de los ingresos.

Esto no es geopolítica abstracta. Es la vida cotidiana.

El turismo en Cuba no está controlado únicamente por el Estado; está profundamente arraigado en la supervivencia de la gente común. Las familias alquilan habitaciones, conducen taxis, cocinan, guían excursiones, tocan música en restaurantes y venden artesanías en la calle. Cuando el turismo desaparece, también lo hace su capacidad de subsistencia.

Sin embargo, la política estadounidense sigue presentando esta presión como una herramienta para apoyar al pueblo cubano. Cada vez es más difícil defender esa afirmación.

Incluso los medios estatales cubanos —a menudo cautelosos en sus admisiones— han reconocido la gravedad de la crisis, describiendo medidas de emergencia para racionar la electricidad en las zonas turísticas con el fin de preservar los ingresos en divisas. Cuando un país debe decidir qué hoteles reciben electricidad y cuáles se quedan sin luz, el sistema ya se encuentra bajo una presión extrema.

Las redes sociales cuentan la misma historia desde el terreno. Los viajeros comparten experiencias de apagones, planes cancelados y dificultades para desplazarse por la isla. Algunos siguen viniendo, pero vienen preparados para las dificultades, no para el ocio. El cambio es revelador: Cuba ya no se promociona por la experiencia, sino por la resistencia.

Nada de esto exime al gobierno cubano de su responsabilidad por las persistentes ineficiencias económicas y los problemas estructurales. Estos problemas son reales e importantes, pero no existen de forma aislada.

La estrategia actual de Estados Unidos no hace más que exacerbar todas sus debilidades, convirtiendo la escasez en crisis y las crisis en colapso. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿cuál es exactamente el objetivo?

Si el objetivo es el cambio político, la historia ofrece pocos argumentos a favor de la idea de que la asfixia económica conduzca a la reforma democrática. Por lo general, afianza las dificultades y refuerza los discursos de resistencia utilizados por quienes ostentan el poder.

Si el objetivo es apoyar a los ciudadanos cubanos, el resultado es aún más contradictorio. Uno de los pocos sectores donde las personas pueden generar ingresos independientes —el turismo— está siendo sistemáticamente debilitado.

El resultado no es una presión selectiva, sino una repercusión generalizada.

Las playas vacías no presionan a los gobiernos. Presionan a las familias. Los aviones en tierra no aíslan a las élites. Aislan a las comunidades.

El turismo cubano se definía antaño por la música, el movimiento y la conexión humana. Hoy, se define cada vez más por la ausencia. Y esa ausencia no es casual. Es la consecuencia previsible de una política que prioriza la presión sobre las personas, y la ideología sobre la realidad.

Acerca del autor.

Juergen T. Steinmetz

Juergen Thomas Steinmetz ha trabajado continuamente en la industria de viajes y turismo desde que era un adolescente en Alemania (1977).
El Encontro eTurboNews en 1999 como el primer boletín en línea para la industria del turismo de viajes global.

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